Los fines de semana se me hacen cada vez más cortos.
Y los lunes me encuentro nuevamente con el trabajo, los llamados, los mensajes. Rara sensación de no querer hacer nada y hacer todo a la vez.
Distantes parecen las horas de ocio (si es que realmente existen horas de ocio para una madre), los días en zapatillas de levantar, la gana de no levantarme, de no lavarme, de no maquillarme.
Sin embargo el lunes llega implacablemente, el despertador suena y los minutos de gracia que me doy cada mañana (los mismos que me hacen llegar tarde, los mismos que - juro - no me volveré a tomar el día después) se hacen cortos como la noche que recién ha terminado.
Y vuelve la rutina, levántate, dúchate, vístete, maquíllate, sal de la casa, llega al trabajo, mail, llamados, administra, opera. Una lata..
Si fuera Peter Pan (o Campanita) podría volar desde la casa a la oficina, evitandome el Transantiago o los tacos, con un toque de varita mágica tendría el trabajo terminado a las 11 y podría disfrutar de un paseo por las calles de Santiago, de una exposición en el museo, de una pelicula al cine.
Tal vez ocuparía el tiempo para tejer (actividad que ultimamente he dejado un poco de lado), para ir a dejar la Máloti al colegio, para sacar al Gabriele al parque, tomarme un café con Christian, asistir a yoga sin que la sala esté llena de gente, cocinar para mi familia, arreglar los jeans de la Máloti...y hacer una que otra cosa más que seguramente aparecería en el camino.
Resumiendo, feliz viviría en el País de los Sueños....donde lo que más quiero sea realidad.
Alguien conoce la ruta?