lunes, 9 de julio de 2007

En el País de los Sueños

Los fines de semana se me hacen cada vez más cortos.
Y los lunes me encuentro nuevamente con el trabajo, los llamados, los mensajes. Rara sensación de no querer hacer nada y hacer todo a la vez.
Distantes parecen las horas de ocio (si es que realmente existen horas de ocio para una madre), los días en zapatillas de levantar, la gana de no levantarme, de no lavarme, de no maquillarme.
Sin embargo el lunes llega implacablemente, el despertador suena y los minutos de gracia que me doy cada mañana (los mismos que me hacen llegar tarde, los mismos que - juro - no me volveré a tomar el día después) se hacen cortos como la noche que recién ha terminado.
Y vuelve la rutina, levántate, dúchate, vístete, maquíllate, sal de la casa, llega al trabajo, mail, llamados, administra, opera. Una lata..
Si fuera Peter Pan (o Campanita) podría volar desde la casa a la oficina, evitandome el Transantiago o los tacos, con un toque de varita mágica tendría el trabajo terminado a las 11 y podría disfrutar de un paseo por las calles de Santiago, de una exposición en el museo, de una pelicula al cine.
Tal vez ocuparía el tiempo para tejer (actividad que ultimamente he dejado un poco de lado), para ir a dejar la Máloti al colegio, para sacar al Gabriele al parque, tomarme un café con Christian, asistir a yoga sin que la sala esté llena de gente, cocinar para mi familia, arreglar los jeans de la Máloti...y hacer una que otra cosa más que seguramente aparecería en el camino.
Resumiendo, feliz viviría en el País de los Sueños....donde lo que más quiero sea realidad.
Alguien conoce la ruta?

martes, 3 de julio de 2007

De catas y brebajes

Hay una diferencia sustancial entre dos palabras que puedan sonar iguales. El vocabulario que manejamos es tan restringido que a menudo utilizamos palabras que no reflejan exactamente el concepto que queremos compartir.
En este caso especifico, la diferencia es sutil..
Cuando un sommelier cata un vino se limpia la boca comiendo un trozo de manzana para que en ella no existan sabores que puedan alterar la degustación.
El segundo paso es hacer que el vino desprenda los aromas típicos de la (o las) cepa(s) en él contenida(s). Esto se logra oxigenando el vino, haciendo rotar el liquido en la copa.
Una vez reconocidos y evaluados estos aromas, el sommelier toma un pequeño sorbo del vino y, una vez que éste se encuentre en su boca, lo sigue oxigenando haciendo entrar un poco de aire entre medio de sus dientes.
Finalmente, escupe el vino.
Catar no es lo mismo que beber. Degustar no es lo mismo que tomar.
La acción puede parecer similar, pero el fin es diferente. Al catar no se apacigua la sed. Al beber no se reconocen los verdaderos sabores que el vino nos entrega.